
John F. Kennedy
Por Rafael Landerreche
Hay una vieja adivinanza que data de los años 60 y 70 cuando los golpes de Estado eran el pan cotidiano en América Latina: ¿Por qué en esta región hay tantos golpes de Estado, mientras en Estados Unidos (EEUU) nunca ha habido ninguno? La respuesta es, naturalmente, porque en Estados Unidos no hay embajada de Estados Unidos.
El viejo cuento, que más bien es una historia, era contundente y preciso en cuanto a la realidad latinoamericana, pero la verdad es que resultó demasiado optimista con respecto a EEUU. Es cierto que en su país no hay embajada de EU, pero ahí está la madre de todas las embajadas y de (casi) todos los golpes de Estado: las oficinas centrales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). Y cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde. Acostumbrada a utilizar la intriga, la acción encubierta y el asesinato como instrumentos normales de política exterior (Irán, Guatemala, Congo, Vietnam, para hablar sólo de aquellos años) nada había en esa institución que le impidiera voltear esas armas hacia la política interior de EEUU.