Cándida le lleva una flor a Camilo cada año. Foto: Leysi Rubio / Cubadebate
Ella venía con un mar pacífico rojo en su mano derecha, rumbo al malecón. Un pañuelo en la cabeza y una jaba blanca de nylon colgada de su brazo. Me recordó a mi abuela, pero un poco más alta. Imaginé por las arrugas de sus ojos que ella vivió la noticia de la desaparición de Camilo hace 58 años. Entonces interrumpí su paso con mi curiosidad, sin esperar nada más que una respuesta honesta. Pero Cándida, Cándida me dio un regalo.
“Él es tal como describen que él es, y como se comportaba. Eso es cierto. Absolutamente cierto.”