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La Mesa Redonda de este jueves centró sus análisis en el programa de donación de sangre que lleva a cabo nuestro país |
Fotos de Roberto Garaicoa
La frase martiana de que basta para ser grande, intentar lo grande, podría ser esencia para entender los alcances de un proceso emancipador que ha sido posible por la dimensión de su gente, por las prolongaciones de sus gestos cotidianos: como ese tremendo de dar su sangre voluntariamente, con la que se salvan tres vidas humanas. Sí, aunque parezca un hecho increíble, en Cuba ha sido posible que ese valioso componente se obtenga por la voluntad altruista de miles de personas que anualmente donan su sangre, sin otro estímulo que su sentido profundamente humanista.
Esa verdad, tan rotunda como un templo, no podría discurrir sin más, justo en los días (del 6 al 14 e junio) en que en toda Cuba se celebra una jornada de homenaje al donante voluntario de sangre, que cerrará este viernes, cuando el día alcanza connotaciones mundiales. Por ello en la Mesa Redonda de este jueves los análisis se centraron en las dimensiones de este programa, que soporta toda la sangre necesaria que se precisa en el sistema de asistencia médica de la nación.