martes, 22 de octubre de 2013

Política exterior de España: el veneno mortal de las Cumbres Iberoamericanas

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La política exterior pronorteamericana mantenida por España en los últimos años hacia Latinoamérica ha sido sin duda alguna el veneno mortal de las Cumbres Iberoamericanas, cuya 23 edición se celebró en Panamá el pasado fin de semana sin la presencia de más de la mitad de los presidentes de las naciones de nuestra región, aunque sí asistieron los mandatarios de la península Ibérica.

La conducta colonialista y su proceder solo por intereses económicos de los gobiernos de turno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y del ultraderechista Partido Popular (PP) frente a América Latina, se añaden a las toxinas que han enfermado mortalmente, sin cura alguna posible, a las citas iberoamericanas.
Si bien esas reuniones cimeras, en las que nada hizo tampoco Portugal, nacieron para intentar coordinar acciones sin la presencia de Estados Unidos, y crear un puente entre la Patria Grande y Europa,  lo cierto es que nunca se llegaron a conseguir tales propósitos esencialmente por la postura obediente de los ejecutivos de Madrid ante Washington.
La Cumbre de Cádiz, de 2012, ya auguró claramente el inicio del fin de esos encuentros de alto nivel, que ahora en Panamá se decidieron celebrar cada dos años, e incluso no fue nombrado un Secretario General para sustituir en el referido puesto al saliente Enrique Iglesias.
En la ciudad andaluza de Cádiz como en la capital del país istmeño nada relevante se acordó para los intereses de una Latinoamérica, hoy diferente, que batalla por la integración regional pese a los cotidianos intentos del régimen norteamericano de mantenerla dividida, y que continúe siendo su traspatio tradicional.
Actualmente en la Patria Grande el lenguaje de unidad se traduce en organizaciones como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), mientras Washington apuesta por la neoliberal Alianza del Pacifico para lograr su objetivo sedicioso.
Las Cumbres de Iberoamérica interesan cada vez menos precisamente por el débil y ambicioso talante de España, ahora además enfrentada a una grave situación económica, y sin influencia alguna en una Europa plegada de igual forma a Estados Unidos y azotada por una de las peores crisis de la historia del llamado Viejo Continente.
Las autoridades de Madrid nunca han sabido adoptar una política exterior adecuada de igual a igual hacia sus antiguas colonias, a las que las unen lazos históricos, familiares y culturales, y un mismo idioma.
Su conducta ancestral de metrópoli mediocre, su vieja finalidad de saquear a Latinoamérica, y su dependencia sin límites a las administraciones norteamericanas han provocado que España haya perdido mucho terreno en la Patria Grande.
Si le queda alguno, lo perderán  en el futuro, y a corto plazo, porque los gobiernos de Madrid, Socialistas o Populares, que han sido casi lo mismo, no han aprendido definitivamente la lección.

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