
La más clara y cruda de las evidencias de la necesidad de salvar y fortalecer un mundo multipolar, la tenemos ante el plan elaborado por Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.
Una confabulación de gobiernos que giran alrededor de un centro hegemónico constituye el ominoso camino que conduciría inexorablemente a la vuelta de un planeta de gobierno unipolar.
Hoy se trata de Venezuela y sobre ella se fabrican los más inverosímiles argumentos, con la colaboración de un poder mediático, nacional y transnacional en manos de grandes monopolios ya convertidos en parte del patrón de sistema que se quiere imponer.
Desde Estados Unidos, como era lógico, se fabricó el guion del show montado. Dinero siempre hubo y esta vez bastante. Algunos personajes de la región, como viles bufones, acompañan a quienes, desde el binomio Casa Blanca-Departamento de Estado se han propuesto acabar con la Revolución Bolivariana y ya se frotan las manos, ambiciosos por los grandes recursos naturales y por el lugar estratégico de ese país sudamericano.
En el circo no podía faltar la más miserable de todas las instituciones: la Organización de Estados Americanos (OEA), y su fabricante de mentiras y chanchullos, Luis Almagro.